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Música y activismo: artistas LGBT+ que marcan tendencia
Cultura

Música y activismo: artistas LGBT+ que marcan tendencia

De Rina Sawayama a Pabllo Vittar: cómo la música queer está rompiendo barreras y salvando vidas.

Redacción ElChatGay.net5 min de lectura

El escenario del Primavera Sound 2023 en Barcelona vibró con algo más que acordes. Cuando Rina Sawayama agarró el micrófono para cantar "This Hell", cientos de voces corearon el estribillo: *"God save the girls that wanna fuck / God save the gays that wanna party"*. No era solo una canción; era un himno no oficial para una generación que exige representación sin filtros. Sawayama, bisexual y de origen japonés-británico, lo dejó claro en su discurso: *"La música es mi activismo. Si mi visibilidad ayuda a que una sola persona se sienta menos sola, ya gané"*.

El vínculo entre música y activismo LGBT+ no es nuevo, pero hoy tiene matices distintos. Ya no se trata solo de salir del armario en una canción o teñir el pelo de arcoíris durante el Orgullo. Artistas como Bad Bunny, Rosalía o Kevin Kaarl —aunque no todos se identifiquen abiertamente dentro del colectivo— usan sus plataformas para normalizar discursos queer, colaborar con creadores trans o donar a causas como la defensa de personas migrantes LGBT+. Mientras, figuras históricas como Chavela Vargas o Sylvester siguen siendo referentes por haber roto moldes cuando ser queer en la música era sinónimo de censura.

Del underground a las listas globales: nombres que rompen esquemas

En los últimos cinco años, varios artistas han logrado algo impensable: colar temas explícitamente LGBT+ en radios comerciales sin edulcorar su mensaje. Muna, trío estadounidense con integrantes no binarias y lesbianas, arrasó con "Silk Chiffon" (2022), un tema pop que celebra el amor lésbico sin metáforas. La canción, producida por Jack Antonoff, sonó en emisoras de México a Argentina, algo impensable hace una década.

En España, La Zowi —artista no binaria de origen dominicano— mezcla reggaetón con letras que cuestionan las masculinidades tóxicas. Su tema "Pussy" (2021) es un himno a la autonomía sexual femenina y queer, sampleado incluso por Bad Gyal en sus directos. Mientras, en Latinoamérica, Pabllo Vittar —la drag queen brasileña más escuchada del mundo— lleva años usando su música para hablar de derechos trans, como en "Ama Sofre Chora" (2023), donde critica la violencia contra personas LGBT+ en Brasil.

Pero el activismo musical no siempre es obvio. Arca, productora venezolana no binaria, redefine los límites del género en la electrónica con álbumes como *Kick ii* (2021), donde explora la fluidez de identidad a través de sonidos industriales. Su colaboración con Björk en *Utopia* (2017) fue un parteaguas: juntas crearon un universo sonoro que celebra lo andrógino y lo no humano, inspirando a una generación de artistas a experimentar sin etiquetas.

Cuando la música salva vidas: el poder de lo local

No todo pasa en los escenarios internacionales. En ciudades como Bogotá, La Muchacha —cantautora trans— llena teatros con canciones que hablan de su transición, como "Mi cuerpo es mío" (2022). Su música, cruda y poética, conecta con jóvenes LGBT+ que ven reflejadas sus luchas en cada verso. "No quiero ser un símbolo, quiero ser una amiga que les dice: *aquí estoy, esto duele, pero se puede*", confesó en una entrevista para un medio local.

En México, colectivos como Mujeres del Viento Florido —integrado por músicas indígenas y lesbianas— usan el son jarocho para visibilizar la doble discriminación que enfrentan. Su versión de "La Llorona" (2020), interpretada en lenguas originarias, se volvió viral por mezclar tradición con reivindicación queer. Mientras, en Argentina, Nathy Peluso —aunque no se define dentro del colectivo— incluye en sus letras referencias a la diversidad sexual, como en "Delito" (2020), donde menciona relaciones entre mujeres.

El activismo también se cuece en festivales pequeños. En Madrid, el Festival Visible —dedicado a artistas LGBT+— lleva una década dando espacio a voces emergentes. Este año, su cartel incluyó a Rigoberta Bandini, cuya canción "Ay mamá" (2022) se convirtió en un himno feminista y queer por su crítica a los roles de género. "No soy activista, pero si mi música hace que alguien se sienta libre, eso ya es política", declaró en una charla postconcierto.

¿Qué viene después? Los retos de la nueva generación

El éxito comercial de artistas LGBT+ plantea preguntas incómodas. ¿Están las discográficas aprovechando el "pinkwashing" para vender música queer sin comprometerse con causas reales? Muna lo denunciaron en 2022 cuando su sello, RCA, intentó editar letras de sus canciones para "hacerlas más digeribles". La banda se negó y terminó rompiendo su contrato. "No queremos ser el arcoíris de temporada", escribieron en un comunicado.

Otro debate es la representación. Aunque cada vez hay más artistas abiertamente LGBT+, la industria sigue priorizando a quienes encajan en ciertos cánones de belleza o éxito. Artistas gordas, racializadas o con discapacidad —como Lil Nas X o Janelle Monáe— abren camino, pero son excepciones. En el reggaetón, por ejemplo, figuras como Young Miko (lesbiana y puertorriqueña) rompen estereotipos, pero aún enfrentan comentarios transfóbicos en redes.

La música también choca con realidades políticas. En países como Hungría o Rusia, donde las leyes anti-LGBT+ se endurecen, artistas como Rita Ora —abiertamente bisexual— han cancelado giras por seguridad. Mientras, en Latinoamérica, el auge de gobiernos conservadores amenaza espacios como el Festival Diversa en Perú, que lucha por sobrevivir sin apoyo estatal.

Pero hay señales de esperanza. Plataformas como Bandcamp o SoundCloud permiten a artistas independientes monetizar su música sin depender de sellos. Colectivos como Afroqueer en Colombia o Mujeres Trans en la Música en México organizan talleres para que jóvenes LGBT+ aprendan a producir sus propios temas. Y en las redes, hashtags como #QueerMusic o #ArtistasLGBT ayudan a descubrir voces fuera del mainstream.

La música queer ya no es un nicho: es una fuerza que moldea cultura, desafía prejuicios y, sobre todo, salva vidas. Como dijo Freddie Mercury en su última entrevista: *"No quiero ser un ídolo, quiero ser alguien que inspire a otros a ser ellos mismos"*. Hoy, esa inspiración suena más fuerte que nunca. Si este tema te resuena, cuéntanos en el chat: ¿qué artista LGBT+ crees que está cambiando las reglas del juego?

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