Drag culture en España
El drag en España: de los bares a la pantalla. ¿Ha perdido su esencia?
La primera vez que Supremme de Luxe pisó el escenario de *Drag Race España*, el público de Chueca ya la conocía. No era una desconocida: llevaba años sudando purpurina en bares como *Black & White* o *Fulanita de Tal*, donde el drag no era un espectáculo de prime time, sino un ritual de resistencia. Hoy, su nombre suena en salas de toda España, pero el camino desde los sótanos de Malasaña hasta los platós de televisión no ha sido un viaje en limusina con champán, sino una carrera de obstáculos con tacones de aguja.
De los bares a la pantalla: cómo el drag se coló en el salón de casa
Hace una década, el drag en España vivía en circuitos cerrados. Los *drag shows* eran citas de nicho, reservadas para quienes sabían dónde buscar: locales como *Sala Cool* en Barcelona, *La Lupe* en Valencia o *Café Teatro San Juan* en Sevilla. Allí, artistas como La Prohibida, Pupi Poisson o Carmen Farala (antes de su paso por *Drag Race*) construían personajes con más ingenio que presupuesto, entre copas de gin-tonic y humo de máquina. La explosión llegó con *RuPaul’s Drag Race*, que aterrizó en España en 2021 de la mano de Atresmedia, y de repente, lo que antes era underground se convirtió en conversación de ascensor.
Programas como *Got Talent* o *El hormiguero* empezaron a invitar a drag queens como si fueran el último fenómeno viral, y marcas como *Desigual* o *Stradivarius* las ficharon para campañas. Pero el salto al mainstream no ha sido inocente: muchas artistas denuncian que la industria las quiere *palatable* —divertidas, pero no demasiado incómodas—. La pregunta es, ¿dónde queda el espacio para lo transgresor en este nuevo panorama?
El drag no es solo plumas: política, precariedad y purpurina
Detrás de los brillos hay una realidad menos glamurosa. La mayoría de las drag queens en España no viven de ello. Muchas compaginan el arte con otros trabajos, desde camareras hasta profesoras, y solo un puñado logra una estabilidad económica. Los cachés varían: un show en un local pequeño puede pagar poco; en una sala grande, puede llegar a ser más sustancioso. Pero si hay que alquilar peluca, vestido y maquillaje, la ganancia se esfuma. Además, el drag sigue siendo un territorio hostil para las mujeres cisgénero y las personas no binarias.
Las *drag kings* (artistas que exageran rasgos masculinos) luchan por visibilidad, y las *bio queens* (mujeres que hacen drag femenino) son recibidas con escepticismo. La política también asoma entre las lentejuelas. En el pasado, hemos visto cómo la cancelación de eventos de drag por presiones de grupos conservadores ha generado un movimiento de apoyo y resistencia dentro de la comunidad. El mensaje está claro: el arte drag sigue siendo un campo de batalla por la visibilidad y el respeto.
¿Qué queda del drag "de barrio"?
Mientras las *drag race* dominan las redes, en los barrios periféricos de ciudades como Barcelona, Málaga o Bilbao, el drag sigue siendo un acto de rebeldía cotidiana. En espacios autogestionados por artistas queer, las funciones son a la gorra y las entradas, lo que cada quien pueda pagar. Allí no hay cámaras ni juicios, solo el sudor de quien se sube al escenario por el placer de romper moldes. En Madrid, el *Black & White* sigue en pie, aunque ahora comparte cartel con salas como *Teatro Kapital*, donde el drag se ha convertido en un reclamo para turistas.
Pero el espíritu no se ha perdido del todo. En ciudades como Sevilla, colectivos organizan talleres para enseñar a construir personajes desde cero, y en Valencia, el festival *Valencia Drag* mezcla performances con debates sobre diversidad. El drag no es solo un espectáculo, es una herramienta para entender el mundo y cuestionar las normas establecidas. Mientras haya alguien dispuesto a subirse a un escenario con tacones y actitud, el drag seguirá siendo un grito de libertad.
El futuro del drag en España es incierto, entre la visibilidad y el riesgo de comercialización. Pero lo que sí está claro es que la comunidad seguirá luchando por su espacio y su derecho a expresarse. ¿Tú cómo lo ves? ¿Crees que el drag ha perdido su esencia al volverse mainstream, o es una evolución natural? Cuéntanoslo en el chat de ElChatGay.net, donde la comunidad se reúne para discutir y compartir sus perspectivas sobre el mundo del drag y más allá.

