Laura Gallego lleva su reivindicación flamenca a Madrid tras el Orgullo de Sevilla
La artista, pregonera del Orgullo LGTBIQ+ sevillano, estrena en la capital su espectáculo *La última folclórica* en un ciclo que desafía los cánones del género.
Un espectáculo que rompe moldes en el flamenco
Madrid se convierte esta semana en el escenario de *La última folclórica*, el nuevo proyecto de Laura Gallego, una artista que ha convertido su voz y su presencia en un símbolo de la evolución del flamenco. Según informó Shangay, el espectáculo forma parte del ciclo Villanos del flamenco, una iniciativa que busca rescatar la esencia mestiza y transgresora de un género demasiado a menudo encorsetado por tradiciones rígidas.
Gallego, conocida por su capacidad para fusionar lo clásico con lo contemporáneo, llega a la capital tras su reciente participación como pregonera del Orgullo LGTBIQ+ de Sevilla. Su propuesta, lejos de limitarse a una mera interpretación musical, se presenta como un manifiesto artístico: el flamenco como espacio de libertad, donde caben la disidencia, la ironía y la reinvención.
El ciclo que cuestiona los "villanos" del género
El espectáculo se enmarca en un programa que, bajo el provocador título de Villanos del flamenco, reúne a artistas que desafían los estereotipos asociados al género. La premisa es clara: el flamenco no es un museo, sino un arte vivo, capaz de absorber influencias y de adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.
En este contexto, Gallego encarna una figura clave. Su trayectoria, marcada por la fusión de estilos y por una estética que bebe tanto de la copla como del activismo queer, la sitúa como una de las voces más originales del panorama actual. La última folclórica, según adelantó Shangay, promete ser un viaje por los sonidos tradicionales, pero con una mirada crítica hacia los roles de género y las convenciones que han limitado al flamenco durante décadas.
De Sevilla a Madrid: el Orgullo como antesala
La conexión de Gallego con el colectivo LGTBIQ+ no es nueva. Su participación como pregonera del Orgullo sevillano —uno de los más multitudinarios del país— consolidó su posición como referente cultural y social. En un acto cargado de simbolismo, la artista no solo celebró la diversidad, sino que también reivindicó el flamenco como un espacio de resistencia.
Ahora, con su llegada a Madrid, el mensaje se amplifica. La capital, con su histórica escena flamenca, se convierte en el escenario perfecto para un espectáculo que, más que un concierto, aspira a ser un diálogo con el público. ¿Puede el flamenco ser queer? ¿Puede una folclórica romper con las expectativas sin traicionar sus raíces? Gallego parece responder con su propia trayectoria: sí, pero a su manera.
Un género en transformación
El ciclo Villanos del flamenco no es un hecho aislado. En los últimos años, artistas como Rosalía, Niño de Elche o María José Llergo han explorado nuevas vías para el género, mezclando lo tradicional con lo experimental. Sin embargo, el enfoque de Gallego tiene un componente político más explícito. Su trabajo no solo cuestiona los límites musicales, sino también los sociales: ¿quién puede ser folclórica? ¿Qué voces tienen cabida en el flamenco?
En un momento en que el género vive una encrucijada —entre la institucionalización y la búsqueda de nuevas narrativas—, propuestas como la suya resultan esenciales. *La última folclórica* no es solo un título sugerente, sino una declaración de intenciones: el flamenco no necesita salvadores, sino artistas dispuestos a reescribir sus reglas.
Dónde y cuándo ver *La última folclórica*
El espectáculo de Laura Gallego se presentará en Madrid dentro del ciclo Villanos del flamenco, aunque Shangay no detalló fecha ni sala concreta en su información. Quienes deseen seguir su trayectoria pueden consultar sus redes sociales o la programación de espacios culturales de la capital, donde es probable que se anuncie con antelación.
Mientras tanto, el debate está servido. ¿Estamos ante una nueva era para el flamenco? Si algo demuestra el trabajo de Gallego es que, en el arte como en la vida, las etiquetas son solo el principio.


