Chemsex: reducción de riesgos sin moralismo
El chemsex es una realidad en la comunidad LGBT+. Hablamos de reducción de daños con información útil, sin estigmas.
El olor a poppers se mezcla con el sudor de la pista en un after de Madrid. En un rincón, alguien revisa una bolsita de cristal con gesto experto. No es una escena de película, sino un viernes cualquiera en ciertos círculos donde el chemsex —el uso de drogas para intensificar el sexo— se ha normalizado. Pero lejos de los titulares sensacionalistas que lo vinculan solo a adicción o enfermedades, hay un debate más urgente: ¿cómo hablar de reducción de riesgos sin caer en el moralismo?
Más allá del "no lo hagas"
La reducción de daños no es un concepto nuevo. Lleva décadas aplicándose en políticas de drogas, desde los programas de intercambio de jeringas hasta las salas de consumo supervisado. Sin embargo, cuando el tema es chemsex, muchos mensajes se quedan en lo superficial: "las drogas son malas", "el VIH está ahí". Como si quienes participan en estas prácticas no supieran ya los riesgos.
En ciudades como Barcelona, Londres o Ciudad de México, colectivos como Stop Sida o Energy Control llevan años trabajando con un enfoque distinto. No juzgan, no prohíben. En su lugar, ofrecen información clara: cómo medir dosis, qué interacciones evitar, cómo reconocer una sobredosis. "No se trata de promover el consumo, sino de que quien decida hacerlo, lo haga con el menor riesgo posible", explica un trabajador de Energy Control en una charla en el Casal Lambda.
El chemsex no es un fenómeno homogéneo. Para algunos es una experiencia esporádica en fiestas; para otros, una herramienta para superar la ansiedad en encuentros sexuales. Pero en todos los casos, el estigma complica el acceso a recursos. ¿Cómo pedir ayuda si el primer mensaje que recibes es de rechazo?
Herramientas que sí funcionan
La prevención efectiva pasa por hablar sin tabúes. Algunas estrategias que han demostrado utilidad:
- Kits de reducción de riesgos: Incluyen jeringas estériles, condones, lubricante y tiras reactivas para detectar adulterantes en las drogas. En España, organizaciones como Apoyo Positivo los distribuyen en saunas y eventos.
- Aplicaciones de alerta: Apps como Buddy permiten compartir ubicación en tiempo real con contactos de confianza durante sesiones de chemsex, reduciendo el riesgo de quedarse inconsciente sin ayuda.
- Grupos de pares: Espacios como los de Chemsex Support en Reino Unido ofrecen acompañamiento entre iguales, donde quienes han vivido experiencias similares comparten consejos desde la experiencia.
También hay avances médicos. La profilaxis preexposición (PrEP) ha cambiado el panorama del VIH, pero su acceso sigue siendo desigual. En países como Argentina o Colombia, su costo la hace inalcanzable para muchos. Mientras, en España, aunque está financiada por la sanidad pública, persisten barreras burocráticas.
El chemsex no es solo un tema de drogas
Detrás de estas prácticas hay cuestiones más profundas: soledad, presión por encajar en ciertos círculos, trauma por rechazo familiar o social. Un estudio cualitativo realizado en 2022 con hombres gays y bisexuales en México reveló que muchos recurrían al chemsex como forma de evasión, especialmente quienes habían sufrido discriminación por su orientación sexual.
La salud mental es la gran ausente en muchos discursos. "Si solo hablamos de VIH y sobredosis, estamos ignorando que para mucha gente el chemsex es un síntoma, no la causa", señala un psicólogo especializado en diversidad sexual que prefiere mantener el anonimato. En su consulta, ha visto cómo el uso de drogas en contextos sexuales puede enmascarar depresión o ansiedad, pero también cómo el estigma dificulta que las personas busquen ayuda.
Iniciativas como Gay & Sober, que promueven espacios libres de drogas para la comunidad LGBT+, ofrecen alternativas, pero chocan con la realidad de un ocio nocturno donde el alcohol y otras sustancias siguen siendo protagonistas. La pregunta incómoda es: ¿estamos creando entornos donde el chemsex sea una opción más, no la única forma de socializar?
El chemsex no va a desaparecer por decreto. Lo que sí puede cambiar es cómo lo abordamos: desde la información, no desde el miedo; desde el acompañamiento, no desde el juicio. Porque al final, reducir riesgos no es solo cuestión de química, sino de humanidad.
Si este tema te toca de cerca o quieres compartir tu experiencia, aquí siempre hay espacio para hablar sin filtros.