Hormonación trans: guía informativa para personas no binarias
Descubre cómo adaptar estrógenos y testosterona a una transición no binaria y qué cuidados médicos implica.
Al entrar a la clínica de endocrinología del Hospital Universitario La Paz, Lucía, una persona no binaria de 27 años, le mostró al médico su hoja de notas: “Quiero una transición que no me convierta totalmente en mujer ni en hombre”. Esa petición, cada vez más frecuente, abre la puerta a una hormonación personalizada.
Opciones hormonales sin binarismo
Los protocolos de la World Professional Association for Transgender Health (WPATH) y la Endocrine Society permiten ajustar dosis de estrógenos, testosterona y antiandrógenos para lograr efectos parciales. En lugar de la típica pauta “full dose”, muchas personas no binarias optan por:
- Microdosis de estrógeno: 0,5‑2 mg de estradiol al día, suficiente para suavizar la piel y redistribuir la grasa sin generar cambios drásticos en la voz.
- Testosterona en bajo rango: 25‑50 mg de enantato o cipionato semanalmente, que favorece el aumento de masa muscular y la reducción de grasa corporal sin profundizar la virilización.
- Bloqueadores de estrógeno (por ejemplo, antiandrógenos como la espironolactona) en dosis mínimas, para limitar la masculinización cuando se combina con estrógeno.
Estos esquemas pueden combinarse o alternarse según la evolución deseada y la tolerancia individual.
Aspectos médicos que no se pueden pasar por alto
Antes de iniciar cualquier tratamiento, la evaluación incluye análisis de sangre (perfil lipídico, función hepática y renal) y, en la mayoría de los países hispanohablantes, la obtención de una carta de referencia de un profesional de salud mental, tal como exige la normativa española para acceder a la cobertura pública. En Latinoamérica, la disponibilidad de la terapia hormonal varía: Argentina y México cuentan con protocolos de salud pública, mientras que en otros países el acceso depende de seguros privados o clínicas independientes.
Los efectos secundarios comunes, aunque en dosis bajas son menos frecuentes, pueden incluir:
- Alteraciones en la presión arterial (especialmente con espironolactona).
- Cambios en el metabolismo de glucosa y lípidos.
- Variaciones del estado de ánimo, que requieren seguimiento psicológico.
El seguimiento trimestral de los niveles hormonales y la evaluación clínica son esenciales para ajustar la dosificación y prevenir complicaciones.
Por qué la información importa a la comunidad LGBT+
El acceso a una guía clara reduce la dependencia de información fragmentada que circula en foros y redes sociales. En los últimos años, la visibilidad de personas no binarias ha impulsado la revisión de los formularios médicos en hospitales de Madrid y Barcelona, que ahora incluyen la opción “no binario” en la ficha de identidad de género. En México, la Secretaría de Salud incluyó, en su guía de 2023, la referencia a “dosis flexibles” para personas que no buscan una transición total.
Sin embargo, persisten vacíos: la mayoría de los estudios clínicos sobre hormonación se centran en trans mujeres y trans hombres, dejando poco respaldo científico específico para protocolos no binarios. Esta ausencia obliga a los profesionales a basar sus decisiones en la experiencia clínica y en la preferencia informada del paciente.
Para quienes consideran iniciar la hormonación, la recomendación es buscar un endocrinólogo con experiencia en salud trans y preguntar explícitamente por regímenes de bajo nivel o “microdosis”. La comunicación abierta permite diseñar un plan que respete tanto la identidad de género como la salud física.
Si ya has probado alguna de estas opciones o estás pensando en iniciar tu proceso, comparte tus dudas y experiencias en el chat de la comunidad de ElChatGay.net.


