Hormonación trans: guía informativa para personas no binarias
¿Qué opciones hay para hormonarse siendo no binario? Riesgos, mitos y pasos concretos para empezar.
El centro de salud de Lavapiés, en Madrid, tiene una sala de espera distinta a la de hace cinco años. Entre folletos de vacunación y citas para revisiones ginecológicas, ahora hay un cartel que dice: "Terapia hormonal para personas trans y no binarias. Información sin juicios". Allí, Alex —que usa pronombres *elle*— lleva tres meses ajustando su dosis de testosterona en gel. "No quiero una transición completa, solo que mi cuerpo refleje lo que siento: ni hombre ni mujer, algo en medio", explica mientras revisa su receta. Su caso no es único, pero sí menos visible que el de quienes siguen protocolos binarios de hormonación.
¿Qué significa hormonarse siendo no binario?
La terapia hormonal para personas trans no binarias no sigue un guion fijo. A diferencia de los protocolos tradicionales —diseñados para alinear el cuerpo con el género masculino o femenino—, aquí el objetivo es modular los cambios según las necesidades individuales. Algunas personas buscan efectos sutiles: una voz ligeramente más grave, menos grasa en caderas o un vello facial discreto. Otras prefieren dosis bajas para evitar cambios irreversibles, como la calvicie de patrón masculino o el crecimiento del clítoris.
En países como España o Argentina, donde el acceso a la sanidad pública incluye la atención trans, los equipos médicos suelen adaptar los tratamientos. "Trabajamos con microdosis y seguimientos frecuentes", comenta la doctora Valeria Pavan, endocrinóloga en el Hospital Durand de Buenos Aires. "Lo clave es que la persona defina qué cambios quiere y cuáles no, sin presiones". En México o Colombia, donde la atención es mayoritariamente privada, el costo puede ser una barrera: un frasco de testosterona inyectable ronda los 800 pesos mexicanos (unos 45 dólares), y los bloqueadores de estrógenos superan los 1.500 pesos (85 dólares) mensuales.
Riesgos, mitos y realidades
El principal temor al hablar de hormonación no binaria es la desinformación. Frases como "te vas a arrepentir" o "es solo una moda" circulan incluso en consultorios médicos. Sin embargo, los datos disponibles —aunque limitados— apuntan a que las personas no binarias que acceden a terapia hormonal reportan mejoras en su salud mental. Un estudio publicado en *The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism* en 2021 encontró que, tras seis meses de tratamiento, el 78% de las personas trans y no binarias encuestadas experimentaron una reducción significativa de la disforia de género.
Pero no todo es lineal. Los efectos secundarios varían según el tipo de hormonas y la dosis. Por ejemplo:
- Testosterona (en gel, inyecciones o parches): Puede causar acné, cambios en el olor corporal, aumento de la libido y redistribución de la grasa corporal. A largo plazo, incrementa el riesgo de colesterol alto y enfermedades cardiovasculares.
- Estrógenos (en pastillas, parches o inyecciones): Pueden provocar sensibilidad en los senos, cambios de humor y mayor riesgo de trombosis, especialmente si se combinan con tabaco.
- Bloqueadores hormonales (como la espironolactona o los análogos de GnRH): Usados para detener la pubertad o reducir los efectos de las hormonas naturales, pueden generar fatiga, sofocos o pérdida de densidad ósea si se usan por tiempo prolongado.
Otro mito recurrente es que la hormonación no binaria es "menos seria" que la binaria. "Es un prejuicio que viene de pensar que lo no binario es una fase o algo superficial", señala Dani, activista de la asociación *No Binaries Chile*. "Para muchas personas, estos tratamientos son tan necesarios como para cualquier otra persona trans".
¿Cómo empezar? Pasos concretos
El proceso varía según el país, pero hay puntos en común:
- Evaluación psicológica: En algunos lugares, como España, es un requisito para acceder a la sanidad pública. En otros, como Argentina, la ley de identidad de género permite el acceso sin este paso. "No es un examen para 'demostrar' que eres no binario, sino un espacio para explorar qué necesitas", aclara la psicóloga trans Marina Sáenz, de la Universidad de Valencia.
- Consulta con endocrinología: Aquí se discuten opciones: dosis bajas, ciclos intermitentes o combinaciones de hormonas. "Algunas personas usan testosterona solo tres meses al año, por ejemplo", explica Pavan.
- Análisis de sangre: Se monitorean niveles de hormonas, colesterol, glucosa y marcadores hepáticos. Es clave para ajustar dosis y prevenir riesgos.
- Seguimiento: Cada tres o seis meses, dependiendo del caso. "No es un tratamiento de por vida necesariamente", dice Sáenz. "Hay quien lo usa temporalmente y luego lo suspende".
Para quienes viven en países con leyes restrictivas —como Perú o varios estados de México—, las opciones son más limitadas. Algunas clínicas privadas ofrecen "paquetes" de hormonación sin supervisión médica, lo que aumenta los riesgos. Organizaciones como *RedLacTrans* en Latinoamérica o *Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB)* en España brindan guías para acceder a tratamientos seguros.
Alex, en Lavapiés, guarda su receta en un cajón junto a un frasco de gel de testosterona medio vacío. "Al principio tenía miedo de que me dijeran que no podía hacerlo a mi manera", confiesa. "Pero aquí estoy, con un cuerpo que por fin se parece un poco más a lo que soy". Su historia es un recordatorio de que la medicina trans no es un molde, sino un abanico de posibilidades. Si tienes dudas o quieres compartir tu experiencia, el chat de ElChatGay.net está lleno de gente que ha pasado por lo mismo.


