Bogotá y Chapinero: la escena gay colombiana que no conoces
Chapinero no es solo bares y fiestas: es un ecosistema de resistencia, afters clandestinos y mercados donde se esconde la historia LGBT+ de Bogotá.
El primer viernes de marzo, la carrera 9 con calle 63 en Bogotá huele a cerveza derramada y a perfume de farmacia. Son las once de la noche y el semáforo se pone en rojo para un grupo de chicos que cruzan entre risas, con las camisas arremangadas y los ojos brillando bajo las luces de neón de *Theatron*. No es un local cualquiera: es el club LGBT+ más grande de Latinoamérica, un monstruo de cinco pisos donde caben hasta 5.000 personas. Pero esa noche, como casi todas, la fiesta no empieza ni termina ahí. A tres cuadras, en *El Coq*, un bar de ambiente con paredes de ladrillo visto, una drag queen llamada La Liendra improvisa un número con una peluca rubia y un micrófono que escupe estática. "¡Bogotá no duerme, maricas, así que ni se les ocurra!", grita, mientras alguien desde la barra le lanza un billete de veinte mil pesos.
Chapinero, el barrio que concentra buena parte de la escena gay de la ciudad, no es solo un destino turístico. Es un ecosistema vivo, con sus propias reglas, jerarquías y hasta horarios. Mientras en el centro de la ciudad los bares cierran a las 3 a.m., aquí la fiesta se alarga hasta que el cuerpo aguante —o hasta que el último TransMilenio pase, hacia las 5:30 a.m.—. Pero más allá de los lugares comunes (el *Theatron*, el *El Coq*, el *Video Club*), hay rincones que incluso los bogotanos desconocen. Lugares donde la comunidad no solo se divierte, sino que se organiza, resiste y reinventa.
Del "salón de té" al after: una cartografía oculta
En los años 80, cuando la homosexualidad aún era perseguida por la policía y los medios la asociaban con el "vicio", los bares gays de Bogotá operaban bajo nombres en clave. *El Salón de Té*, en la calle 58 con carrera 13, era uno de ellos. Hoy, ese local ya no existe, pero su espíritu sobrevive en sitios como *La Tienda de los Muñecos*, un café-librería queer en la carrera 7 con calle 60. Por fuera parece una tienda de antigüedades; por dentro, es un refugio. "Aquí no vendemos solo libros, vendemos seguridad", dice su dueño, un hombre de unos 50 años que prefiere no dar su nombre. "En los 90, si te veían entrar a un bar gay, te podían detener. Hoy la policía sigue haciendo redadas, pero al menos ya no nos escondemos detrás de un letrero de 'salón de belleza'".
Para quienes buscan algo más underground, *El Sabor de la Tierra* es un after que funciona en una casa en el barrio Galerías, a pocos minutos de Chapinero. No tiene letrero, ni página de Instagram, ni horarios fijos. Se entra por recomendación, y la contraseña cambia cada semana. "Es como volver a los 90, pero con mejor música", dice Mateo, un estudiante de 24 años que va seguido. "Aquí no hay influencers ni turistas. Solo gente que quiere bailar hasta que le duelan los pies".
Pero Chapinero no es solo fiesta. En la calle 63 con carrera 7, la *Casa Cultural El Chontaduro* es un espacio autogestionado donde se mezclan talleres de serigrafía, ciclos de cine LGBT+ y charlas sobre derechos trans. "Chapinero es el corazón gay de Bogotá, pero también es donde más se siente la gentrificación", explica Laura, una activista que lleva años organizando marchas en el barrio. "Los alquileres suben, los locales tradicionales cierran, y de repente te encuentras con que el *Theatron* está rodeado de edificios de apartamentos de lujo. ¿Dónde queda la esencia?"
Lo que no te cuentan en las guías
Si crees que ya lo has visto todo en Chapinero, prueba esto:
- El mercado de las pulgas de la 63: Todos los domingos, entre las 8 a.m. y las 2 p.m., la calle 63 se llena de puestos que venden desde vinilos de música disco hasta ropa vintage. Entre los puestos de arepas y los vendedores de CDs piratas, hay un par de stands donde puedes encontrar banderas del orgullo, fanzines queer y hasta juguetes sexuales usados (sí, usados). "Aquí se viene a cazar tesoros", dice Carlos, un coleccionista que lleva años buscando el primer número de *El Otro*, una revista LGBT+ de los 80.
- La sauna que no es sauna: *El Paraíso* es un lugar que aparece en Google Maps como "spa", pero que en realidad es una sauna gay con cuartos oscuros y una clientela fiel. No tiene página web, ni redes sociales, ni siquiera un letrero llamativo. "Si no te lo recomiendan, no entras", dice un usuario frecuente. "Y si entras, mejor no saques el celular".
- El karaoke de los martes: En *La Villa*, un bar en la carrera 11 con calle 65, los martes son sagrados. A partir de las 9 p.m., el lugar se llena de gente que canta desde boleros de Chavela Vargas hasta reggaetón de Bad Bunny. "Aquí no importa si desafinas, lo importante es soltar la voz", dice la dueña, una mujer trans que lleva más de 20 años al frente del local. "Y si te animas, hasta te prestamos el micrófono".
Pero no todo es diversión. Chapinero también es un barrio donde la violencia persiste. En 2022, la organización *Colombia Diversa* registró al menos 12 casos de agresiones contra personas LGBT+ en la zona, desde insultos hasta ataques físicos. "El problema no es solo la homofobia, sino la impunidad", dice David, un abogado que trabaja con víctimas de violencia de género. "Muchas veces la policía no actúa, o peor, se burla. Eso hace que la gente prefiera no denunciar".
¿Por qué sigue siendo especial?
Bogotá no es São Paulo, ni Ciudad de México, ni Buenos Aires. No tiene una Zona Rosa como la de la capital mexicana, ni una plaza de Mayo donde se celebre el orgullo con desfiles multitudinarios. Pero tiene algo que pocas ciudades pueden presumir: una escena gay que no depende de los turistas, ni de las marcas, ni de los algoritmos de Instagram. Una escena que se construye en los afters clandestinos, en los talleres de activismo, en los puestos del mercado de las pulgas y en los bares donde todavía se puede fumar adentro.
Chapinero es imperfecto, caótico y a veces hostil. Pero también es el lugar donde, en 1998, se realizó la primera marcha del orgullo de Bogotá con más de 500 personas. Donde, en 2016, se celebró la primera boda igualitaria de Colombia. Y donde, cada fin de semana, cientos de personas siguen yendo no solo a bailar, sino a sentirse en casa.
Si algún día vas, no te quedes solo en los lugares de siempre. Camina por la carrera 7 después de la medianoche, entra a ese café que parece cerrado pero tiene la puerta entreabierta, habla con la señora que vende empanadas en la esquina. Chapinero no se descubre en una noche, ni en un fin de semana. Se vive, se sufre y se celebra, como todo lo que vale la pena.
¿Has estado en Bogotá? Cuéntanos en el chat qué lugar de la escena gay te sorprendió más.


