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Tenis y visibilidad queer: de Billie Jean King a los jugadores actuales
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Tenis y visibilidad queer: de Billie Jean King a los jugadores actuales

Billie Jean King abrió el armario en 1981. Hoy, el tenis sigue luchando por ser un espacio seguro para la comunidad LGBT+.

Redacción ElChatGay.net4 min de lectura

El 20 de septiembre de 1981, Billie Jean King salió del armario en una rueda de prensa que sacudió el mundo del tenis. No fue una decisión fácil: su abogada le advirtió que podía perder hasta dos millones de dólares en patrocinios. Pero King, ya leyenda por ganar 39 títulos de Grand Slam y liderar la batalla por la igualdad de premios entre hombres y mujeres, eligió priorizar su verdad. "No quiero que la gente me quiera por ser algo que no soy", dijo entonces. Ese día, el tenis —y el deporte en general— tuvo su primera gran figura abiertamente LGBT+.

Cuatro décadas después, las pistas de tenis siguen siendo un escenario de visibilidad queer, aunque con matices distintos. Si en los 80 y 90 el silencio era la norma (Martina Navratilova, otra pionera, no salió del armario hasta 1981, a los 25 años), hoy la conversación ha cambiado. Pero ¿hasta qué punto?

El peso de los armarios dorados

En 2023, el tenista francés Grégoire Barrère declaró en una entrevista: "No tengo problema en decir que soy gay, pero tampoco es algo que vaya gritando por ahí". Sus palabras resumieron una tensión que persiste: la visibilidad en el tenis masculino sigue siendo casi nula. Mientras en el circuito femenino hay figuras como Alison Van Uytvanck o Daria Kasatkina que han hablado abiertamente de su orientación, en el ATP no hay ningún jugador activo que haya salido del armario.

El caso de Brian Vahaly, exjugador estadounidense que reveló su homosexualidad en 2017 tras retirarse, ilustra el problema. "En mi época, ser gay en el tenis era como tener una enfermedad contagiosa", confesó. Vahaly, que llegó a estar entre los 60 mejores del mundo, admitió que el miedo a perder patrocinios y el ambiente hipermasculino del vestuario le impidieron vivir su verdad en activo. Hoy, aunque el discurso ha evolucionado, el miedo económico sigue ahí: en 2022, un estudio de la Universidad de Massachusetts reveló que los atletas LGBT+ en deportes individuales pierden, en promedio, un 30% de sus ingresos por patrocinio tras salir del armario.

Pero no todo es silencio. En 2021, el tenista británico Liam Broady generó titulares al criticar a la ATP por no apoyar más a los jugadores queer. "Si no puedes ser tú mismo en el tenis, ¿dónde puedes?", tuiteó. La respuesta de la organización fue tibia: un mensaje genérico de "apoyo a la diversidad" sin acciones concretas. Mientras, en las redes, jugadores como el español Pablo Carreño Busta han mostrado su respaldo a la comunidad con gestos simbólicos, como llevar un brazalete arcoíris en partidos.

Las pistas como espacio seguro

Fuera del circuito profesional, el tenis amateur se ha convertido en un refugio para la comunidad LGBT+. En ciudades como Madrid, Buenos Aires o Ciudad de México, clubes como Tenis Diverso o Rainbow Tennis organizan torneos inclusivos donde lo importante no es el ranking, sino la visibilidad. "Aquí nadie te juzga por tu revés o por quién te gusta", dice Carla Rojas, fundadora de Tenis Diverso Madrid, un espacio que en 2023 reunió a más de 200 jugadores en su torneo anual.

Estos espacios no solo rompen con el estereotipo del tenis como deporte elitista, sino que también desafían la idea de que el deporte y la diversidad son incompatibles. En Barcelona, por ejemplo, el Open Pride Tennis —que se celebra cada junio— combina partidos con charlas sobre salud mental y derechos LGBT+. "El tenis es un deporte individual, pero la comunidad lo hace colectivo", explica Marc Soler, organizador del evento.

La visibilidad también llega a través de figuras emergentes. En 2022, la tenista brasileña Luisa Stefani, medalla de bronce en dobles en Tokio 2020, compartió en Instagram una foto con su pareja con el hashtag #LoveIsLove. Aunque no se ha declarado abiertamente lesbiana, su gesto fue celebrado como un paso más hacia la normalización. En el tenis femenino, donde el armario nunca fue tan hermético como en el masculino, cada vez más jugadoras usan su plataforma para hablar de diversidad. La estadounidense Coco Gauff, por ejemplo, ha mostrado su apoyo al colectivo trans en varias ocasiones, aunque sin entrar en polémicas.

¿Qué falta para que el tenis sea un deporte 100% queer-friendly?

Los avances son innegables, pero el camino está lejos de terminar. En 2023, la ATP y la WTA lanzaron una guía de inclusión LGBT+ para torneos, pero su aplicación sigue siendo voluntaria. Mientras, en países como Rusia o Hungría, donde las leyes anti-LGBT+ se endurecen, jugadores como la húngara Dalma Gálfi han tenido que medir sus palabras para no perder patrocinios o, peor, enfrentar represalias.

El tenis, como reflejo de la sociedad, arrastra contradicciones. Por un lado, tiene figuras históricas como King o Navratilova que allanaron el camino; por otro, sigue siendo un deporte donde el silencio puede ser más rentable que la autenticidad. Pero hay señales de cambio. En 2024, por primera vez, un torneo de la ATP —el de Lyon— incluyó un día dedicado a la visibilidad LGBT+, con actividades y charlas. Pequeños pasos que, como dijo Billie Jean King en su autobiografía, "no son el final, sino el principio".

Mientras el debate sigue abierto, una cosa es clara: el tenis ya no es ese deporte de blancos trajes y normas rígidas. Hoy, entre raquetas y líneas de saque, también se juega la partida de la diversidad. ¿Y tú, qué opinas de la visibilidad queer en el tenis?

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