Chueca ya no es refugio: el odio que borra carteles en Madrid
Carteles arrancados, pintadas borradas y silencio vecinal: la LGTBIfobia cotidiana en el corazón de Madrid.
La plaza de Pedro Zerolo, en Chueca, amaneció el pasado sábado con un cartel que no estaba allí el viernes. "Zona libre de odio", rezaba en letras blancas sobre fondo arcoíris, pegado en el poste de una farola. Al mediodía, ya había sido arrancado. No era la primera vez: en lo que va de año, al menos tres intervenciones similares han aparecido y desaparecido en el barrio, siempre en espacios públicos cerca de locales de ambiente. El último intento, una pegatina con el lema "Madrid es diversidad", duró menos de 24 horas antes de que alguien la cubriera con pintura negra.
El episodio, aparentemente menor, refleja una tensión creciente en el centro de la ciudad. Mientras el Ayuntamiento de Madrid promociona su "Estrategia LGTBI 2023-2027" con campañas en redes y subvenciones a asociaciones, en las calles de Chueca y Lavapiés —los dos barrios con mayor concentración de locales y servicios para la comunidad— se multiplican los incidentes que pasan desapercibidos para las estadísticas oficiales. "No son agresiones físicas, pero sí un goteo constante de señales que dicen: aquí no sois bienvenidos", explica Javier Sáez, sociólogo y activista que lleva dos décadas documentando la evolución del barrio.
Lo que no cuentan las cifras
Los datos del Ministerio del Interior registraron 469 delitos de odio por orientación sexual o identidad de género en la Comunidad de Madrid en 2023, un 12% más que el año anterior. Sin embargo, estas cifras solo recogen lo que se denuncia. Según el Informe sobre Delitos de Odio en España de la Federación Estatal LGTBI+, el 70% de las agresiones no llegan a denunciarse, bien por desconfianza en las instituciones, bien por normalización de la violencia cotidiana.
En Chueca, ese porcentaje podría ser aún mayor. "Aquí la gente está acostumbrada a que le griten 'maricón' desde un coche, a que le escupan en la puerta de un bar o a que le rompan un cartel en plena calle", comenta Lucía Moreno, camarera del Black & White, un local histórico en la calle de la Cruz. "La mayoría no lo denuncia porque piensa: 'Total, ¿para qué?'. Pero eso no significa que no duela".
El pasado mes de mayo, el colectivo Crímenes de Odio Madrid organizó una acción simbólica: pegaron carteles con los nombres y edades de personas LGTBI+ asesinadas en España en los últimos cinco años en farolas de Gran Vía. En menos de 48 horas, todos habían sido arrancados o tachados con rotulador. "No fue vandalismo al azar", asegura uno de los organizadores, que prefiere mantener el anonimato. "Los carteles de publicidad de al lado seguían intactos. Esto fue intencionado".
El barrio que ya no es refugio
Chueca ha sido durante décadas un espacio de seguridad para la comunidad LGTBI+, un lugar donde poder caminar de la mano sin mirar atrás. Pero esa sensación de refugio se está resquebrajando. "Antes, si alguien te insultaba en Chueca, había cinco personas que salían en tu defensa", recuerda Carlos Ruiz, dueño de la librería Berkana, la primera especializada en temática LGTBI+ de España. "Ahora, la gente pasa de largo. Hay miedo a que la cosa vaya a más".
El cambio no es solo perceptivo. En 2023, la asociación Arcópoli registró 18 incidentes en el distrito Centro (que incluye Chueca y Lavapiés) que calificó como "microagresiones con motivación LGTBIfóbica": desde pintadas en baños públicos hasta empujones en el metro. "No son delitos graves, pero crean un clima de hostilidad", explica Yolanda Rueda, coordinadora del área de delitos de odio de la asociación. "Y lo peor es que muchas veces vienen de gente que vive o trabaja en el barrio, no de turistas o foráneos".
Un ejemplo reciente ocurrió en abril, cuando un grupo de vecinos de la calle de la Palma denunció que alguien había escrito "Fuera maricones" en la puerta de un piso donde vive una pareja gay. El Ayuntamiento retiró la pintada en 48 horas, pero no abrió ninguna investigación. "Fue como si no hubiera pasado nada", lamenta uno de los afectados. "Y lo más triste es que nadie del edificio dijo nada. Ni siquiera los que se supone que son nuestros vecinos".
¿Qué hace el Ayuntamiento?
La "Estrategia LGTBI 2023-2027" del Ayuntamiento de Madrid, presentada en marzo, incluye medidas como la creación de una oficina municipal de atención a víctimas de delitos de odio, talleres de sensibilización en centros educativos y la instalación de puntos violeta en fiestas populares. Sin embargo, activistas y colectivos critican que el plan adolece de dos problemas fundamentales: falta de presupuesto y escasa coordinación con los distritos.
"El Ayuntamiento hace mucho ruido con las campañas en redes, pero luego no hay recursos para lo importante", denuncia Uge Sangil, presidenta de la Federación Estatal LGTBI+. "Por ejemplo, la oficina de atención a víctimas sigue sin estar operativa, a pesar de que se anunció hace más de un año. Y mientras tanto, en Chueca siguen arrancando carteles".
Desde el Área de Políticas de Igualdad del Ayuntamiento, su responsable, Pepe Aniorte, defiende el trabajo realizado: "Hemos aumentado un 30% el presupuesto destinado a programas LGTBI+ respecto al año pasado, y estamos trabajando con los distritos para implementar medidas concretas, como la formación de agentes de policía local en delitos de odio". Sin embargo, reconoce que "queda mucho por hacer", especialmente en lo que respecta a la percepción de seguridad en el espacio público.
Mientras tanto, en las calles, la comunidad busca sus propias formas de resistencia. El pasado domingo, un grupo de artistas y activistas organizó una performance en la plaza de Chueca: durante dos horas, escribieron con tiza en el suelo frases como "Aquí cabemos todos" o "El amor no es delito". A última hora de la tarde, la lluvia se había llevado las palabras, pero los organizadores ya estaban planeando la próxima acción. "No vamos a dejar que nos borren", dijo una de ellas. "Ni con pintura, ni con silencio".
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